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5 de mai de 2011

MEDICAMENTOS VERSUS CONDUCCIÓN


Manuel CASTAÑO PARDO, 28-04-2011.

Conducir es un acto inteligente e imprescindible para controlar la actividad psicomotora, la cognitiva y conductual, acompañadas de las percepciones visuales y auditivas y, además, una previsión o anticipación ante las circunstancias que se presentan y poder ser solventadas con garantía de éxito y evitar así el accidente. En román paladín que utilizase Gonzalo de Berceo, esto significa, simple y llanamente, que conducir es una tarea compleja, no apta para cualquiera, pese a que muchos piensen, por el hecho de tener el Permiso de Conducir, que este nivel intelectual se presupone, al igual que el valor en la mili.

Si además de estas dificultades en el complicado mundo de la conducción, le añadimos otros ingredientes, como son el consumo de fármacos, las probabilidades de sufrir accidentes se incrementan considerablemente. Los fármacos, asociados a la conducción, pueden ser un factor de riesgo importante. ¿Quién no está tomando algo para ayudar a superar algún fallo visual, auditivo, locomotor, cardiovascular, hematológico, renal, respiratorio, metabólico, nervioso, mental… u otras tantas enfermedades reales o imaginarias? ¿Cuántos somos conscientes de la incidencia del medicamento a la hora de conducir con seguridad? ¿Por qué los Centros de Reconocimiento no son más exigentes con los pacientes que llevan la farmacia a cuesta y que solicitan la renovación de su permiso de conducir? ¿Por qué sólo en el 12% de las cajas de los medicamentos aparece una información específica y eficaz sobre los riesgos viales que supone el consumo de esos fármacos?

Antiinflamatorios, analgésicos, tranquilizantes, ansiolíticos, somníferos, antidepresivos, antihipertensivos, antihistamínicos y antipsicóticos... son fármacos con un consumo creciente entre la población. En España, los datos del Observatorio Europeo de las Drogas y las Toxicomanías señalan un incremento del consumo de tranquilizantes, sedantes y pastillas para dormir con receta médica, habiéndose duplicado su uso prácticamente. Los datos de investigaciones al respecto, aportan que un 40% de los fallecidos en carretera, daban positivo por consumo de alguna sustancia. El 6,97% del total había consumido psicofármacos. En peatones, el 33% de los fallecidos había tomado alguna sustancia y el 11,3% del total daba positivo para algún psicofármaco (DGT, 2008). Visto lo cual, uno se puede imaginar lo que supone tener conductores medicados, sin control y sin información adecuada sobre los riesgos de padecer un accidente bajo la influencia de estas sustancias. Y lo malo no es que los sufra quienes los toman, si no que los padezca el que se los encuentra de rebote, sin tener arte ni parte.

Si los fármacos tomados, por sí solos, son incompatibles con la Seguridad Vial, debemos resaltar que los riesgos se incrementan cuando son mezclados con el alcohol. Según los expertos, la asociación alcohol-medicamento es una práctica frecuente en nuestra sociedad, más habitual entre hombres que entre las mujeres, y también en personas de mayor edad. Ni que decir tiene que en esas condiciones conducir un coche u otro tipo de vehículo, realizar trabajos peligrosos manejar maquinaria de riesgo o ir como peatón, puede revestir un gran peligro, dado que la capacidad de reacción ante una situación complicada e imprevista está seriamente disminuida.

Así pues, ante los medicamentos y el alcohol, como no todos responden a un mismo patrón de influencia y reacción, la mejor medida preventiva se ha de fundamentar en la información adecuada al paciente, tanto por le prospecto (que casi nadie leemos), como por el médico que receta, pero sobre todo, por la sensatez y el acto inteligente de los peatones y los conductores, sabedores de que si consumen medicamentos y más si se mezclan con el alcohol, hay que extremar las precauciones. 

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